claro en mi imaginación y oscuro en la realidad.....

Fragmento JUSTINE / Marqués de Sade

»Te concedo que entremos en detalles. La inteligencia que te reconozco, Thérèse, te pone en situación de entenderlos. Veo que dos irregularidades te han sorprendido entre nosotros. Te maravillas de la sensación estimulante experimentada por algunos de nuestros compañeros por cosas vulgarmente reconocidas como fétidas o impuras, y también te extraña que nuestras facultades voluptuosas puedan ser estimuladas por unas acciones que, en tu opinión, sólo llevan el emblema de la crueldad. Analicemos ambos gustos, e intentemos, si es posible, convencerte de que no hay nada mas sencillo en el mundo que los placeres que provocan.
»Tú pretendes que es extraño que unas cosas sucias y crapulosas puedan producir en nuestros sentidos la excitación esencial para el complemento de su delirio; pero antes de asombrarse por ello, querida Thérèse, hay que entender que los objetos no tienen más valor ante nuestros ojos que el que les da nuestra imaginación. Así que es muy posible, a partir de esta verdad constante, que no sólo las cosas más extravagantes, sino incluso las más viles y más horribles, puedan afectarnos muy sensiblemente. La imaginación del hombre es una facultad de su mente a la que, mediante el órgano de los sentidos, van a pintarse y modificarse los objetos, para formar a continuación sus pensamientos, debido a la primera impresión de estos objetos. Pero esta imaginación, resultante ella misma del tipo de organización de que está dotado el hombre, sólo adopta los objetos recibidos de tal o cual manera, y sólo crea a continuación los pensamientos a partir de los efectos producidos por el choque de los objetos percibidos. Una comparación facilitará ante tus ojos lo que te expongo. ¿Has visto, Thérèse, espejos de formas diferentes? Unos disminuyen los objetos, otros los aumentan. Los hay que los vuelven espantosos, y otros que les prestan encantos. ¿Te imaginas ahora que si cada uno de esos espejos uniera la facultad creadora a la facultad objetiva ofrecería, de un mismo hombre que se contemplara en él, retratos totalmente diferentes? ¿Y estos retratos responderían a la manera como ha percibido el objeto? Si a las dos facultades que acabamos de atribuir a este espejo, uniéramos ahora la de la sensibilidad, ¿no tendría hacia este hombre, visto por él de tal o cual manera, el tipo de sentimiento que le fuera posible concebir para la clase de ser que habría descubierto? El espejo que lo hubiera visto bello, lo amaría; el que lo hubiera visto espantoso, lo odiaría. Y, sin embargo, se trataría siempre del mismo individuo.
»Así es la imaginación del hombre, Thérèse; el mismo objeto se representa para ella bajo tantas formas como diferentes modos posee, y es a partir del efecto recibido por esta imaginación del objeto, sea cual fuere, que se decide a amarlo o a odiarlo. Si el choque del objeto percibido le sorprende de manera agradable, lo ama, lo prefiere, aunque ese objeto no contenga en sí ningún atractivo real; y si dicho objeto, aunque de un valor seguro a los ojos de otro, sólo ha afectado la imaginación a que nos referimos de manera desagradable, se alejará de él, porque cualquiera de nuestros sentimientos se forma y se realiza debido al producto de los diferentes objetos sobre la imaginación. Nada sorprendente, a partir de ahí, que lo que gusta vivamente a unos pueda disgustar a otros, e, inversamente, que la cosa más extravagante encuentre, sin embargo, partidarios... El hombre contrahecho también encuentra unos espejos que lo hacen bello.

Comentarios

radicaLibre ha dicho que…
Vemos lo que queremos ver y nos gusta. Justine es un gran libro.

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